Playmobil en Grecia: el error de luchar contra la viralidad en redes sociales

playmobilism1Nikos Papadopoulos es un padre, astrofísico y guionista griego de 35 años, y un gran cliente de Playmobil. También es un ciudadano preocupado por la situación política, económica y social de Grecia. El resultado de esta combinación es ingenioso y divertido: al igual que su hijo, que como dice la marca “recrea y experimenta el mundo en miniatura” cuando juega con los clicks en el salón de su casa, Papadopoulos utiliza los muñecos de plástico de la firma alemana para representar y criticar con imágenes y vídeos la vida social y política griega.

En agosto de 2013, Papadopoulos creó el blog entonces llamado Playmobilism, ahora Plasticobilism, para colgar sus creaciones, y también una página de Facebook para su difusión. Directas e irónicas, sus publicaciones no tardaron en correr por las redes sociales y convertirse en virales. La corrupción política y financiera, así como todo tipo de problemas sociales tanto griegos como internacionales, son los temas más recurrentes de las escenas satíricas de Papadopoulos. La cancillera alemana Angela Merkel aparece a menudo como personificación de las políticas de austeridad exigidas a Grecia por la ‘troika’ (BCE, FMI y Comisión Europea), que Papadopoulos señala como responsable del drama social griego.

A Playmobil, sin embargo, parece que no le hizo mucha gracia que se hiciera política con sus juguetes. El pasado 25 de marzo, irónicamente uno de los días en que Grecia celebra su independencia, Facebook cerró sin previo aviso la página de Playmobilism por denuncias de la empresa alemana, que reclamaba derechos de propiedad intelectual, ya que el nombre de la marca estaba incluido en el blog satírico.

Papadopoulos cambió el nombre del blog y de la página de Facebook a Plasticobilism, pero no fue suficiente. Playmobil le comunicó que aún así violaba sus directrices, que prohíben la “modificación” de las figurillas con el fin de hacer “declaraciones políticas” o “contenido agresivo relacionado con la guerra y la violencia”. La compañía le daba dos opciones: que cerrara la página de Facebook o que borrara todas las imágenes con “contenido político” y no las volviese a publicar nunca más.

Sorprendido y enfadado, Papadopoulos se negó a cumplir con un requisito tan ambiguo, argumentando que él no modificaba los muñecos, sólo los colocaba en diferentes posiciones. Incluso se puso en contacto con grupos de otros países que hacían un uso similar de los clicks y que aseguraban que nunca habían tenido problemas.

La posición de Playmobil no sólo sorprendió a Papadopoulos. Cualquier aficionado a los vídeos de Youtube sabe que a estas alturas hay un ejército de jóvenes y no tan jóvenes aficionados a crear y compartir todo tipo de imágenes y animaciones protagonizadas por los famosos muñequitos de plástico. Y tampoco se le escapa a nadie que esta tendencia no hace (al menos hasta ahora) sino beneficiar a la marca tanto en términos de imagen como de ventas. De hecho, Playmobil ha aprovechado sabiamente esta moda en más de una ocasión. ¿Por qué pues hacer la guerra a un blog tan popular como Plasticobilism?

Cansado de discutir con la marca, el bloguero griego se volvió entonces hacia su audiencia y hacia los medios de comunicación para pedir apoyo, y un alud de quejas y acusaciones de censura llenó las redes sociales y el correo electrónico del empresa.

Después de un tiempo de tira y afloja, y probablemente condicionada por el departamento de comunicación de la marca, Playmobil finalmente ha tomado la decisión de permitir las publicaciones de Papadopoulos a cambio de que éste añada un texto en el blog que lo desvincule de la marca. Sin embargo, en la red han quedado las huellas de este incidente, que llegará tarde o temprano a los adultos fans y consumidores fieles de Playmobil en todo el mundo.

Este conflicto, además, ha dado visibilidad a las directrices de uso de sus productos, que prohíben no sólo su utilización para difundir “contenidos políticos”, sino también usos relacionados con “contenidos discriminatorios” o “no aptos para niños” , como se especifica en la página de Playmobil en el Reino Unido. ¿Pondrá esto en riesgo la fuente de negocio (y prestigio) vinculada a los populares (y a menudo virales) imágenes y films de stop-motion para adultos? Remakes de películas, series de televisión y videoclips, cortos, anuncios publicitarios… ¿Quiere realmente la compañía limitar la proliferación de creatividades realizadas con sus clicks?

¿Valió la pena entonces la maniobra, el intento de combatir una viralidad que no era del gusto de la marca?

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